Doña OBDULIA BRIZ AGUADO

Resumen: Doña Obdulia Briz Aguado representa a las damas del siglo XIX, hijas de ricohombres y grandes burgueses cuyo linaje se forjó al amparo del negocio de la carretería y asentados en la villa de Almodóvar del Pinar (Cuenca). Dada la situación económica de esta familia muchos de los hijos varones tuvieron acceso a los estudios de la abogacía y judicatura, circunstancia que les permitió ejercer estos oficios en San Clemente así como el acceso a la compra de tierras de los extintos jesuitas tras la desamortización llevada a cabo por Carlos III e impulsada por el Conde de Aranda, en 1767, con el fin de crear una nueva estructura de propiedad. Tras el matrimonio de Doña Obdulia con el Juez de Primera Instancia D. Nicolás Vázquez, ejerciente en San Clemente y por cuestiones de destino de su esposo terminó afincada en la ciudad de Úbeda (Jaén). Sus hijos contrajeron matrimonio con miembros de los viejos linajes ubetenses como los Saro, Díaz, Marín, Piñera, Eguilior y Messía así como de las Casas de los Marqueses de Busianos, Marqueses de Cadimo, Vizcondes de Castillo de Almansa y finalmente, su tercera nieta Doña Dolores Saro y Saro se convertía en III Condesa de la Playa de Ixdaín, cuyo abuelo Don Leopoldo Saro y Marín fue uno de los más prestigiosos generales del ejército de Alfonso XIII.
[...] FAMILIA BRIZ: de ALMODÓVAR del PINAR a SAN CLEMENTE y ÚBEDA.
La trascendencia que tuvo la familia BRIZ en la historia de San Clemente se basa, sobre todo, en la compra de dos de las temporalidades más importantes de los jesuitas establecidos en la villa sanclementina. Por un lado, ayudaron a continuar con el legado jesuita pues la alquería de Las Cruces mantiene sesgos de la "Misión Jesuítica" en la actualidad ("Día de Puertas Abiertas") y por otro, Los Teatinos pudieron evolucionar de aldea a municipio al incrementarse el número de colonos que se asentaron en dicho lugar ante la demanda de mano de obra para los trabajos agrícolas que precisó la extensa hacienda que tiene sus orígenes, al menos, de finales del siglo XVI, cuando estas tierras pertenecían a la familia de los "de Tébar y Orihuela y Valenzuela" y eran donadas, a partir de 1613 (alquería de Las Cruces) y 1620 (alquería de Los Teatinos), a la Compañía de Jesús con el fin de instaurar en San Clemente el Real Colegio de Latinidad de Nuestra Señora de la Anunciación[1]; junto a la Ermita de Nuestra Señora de Septiembre o de la Natividad, en la calle del Hospital de San Sebastián; y que, posteriormente, acogería al Hospital Civil Municipal de la Villa sanclementina y la Botica Conventual del Noviciado de los jesuitas de Villarejo de Fuentes tras su desamortización.
Sobre todo, gracias a los réditos obtenidos de las tierras agrícolas y ganaderas de Las Cruces y de Los Teatinos, la familia jesuita de San Clemente pudo sobrevivir y mantener su Real Colegio, Comunidad e Iglesia, alrededor de siglo y medio (de 1613 a 1767) en tierras conquenses de La Mancha; a pesar de los periodos bélicos (guerra de Sucesión), periodos de sequía, plagas de langosta y diversas epidemias que sufriría la población [...].
II. DÑA. DOLORES VÁZQUEZ BRIZ ("Lola", hija de Doña Obdulia Briz Aguado).
-Pudo haber nacido en Alosno o en Huelva, alrededor de 1860.
-Padres: Dña. Obdulia Briz Aguado y D. Nicolás Vázquez y Vázquez.
-Abuelos maternos: D. Alfonso Briz de la Cuesta y Dña. Telma Aguado.
-Bisabuelos maternos: D. Alonso Briz Nieto y Dña. Quiteria de la Cuesta.
-Gracias a la autobiografía del escritor de la "Generación del medio siglo", D. Medardo Fraile[3] (Madrid 13 de marzo de 1925-Glasgow, Escocia, 9 de marzo de 2013) plasmada en su obra de 2009, "El cuento de siempre acabar", se ha podido conocer de sus vivencias y recuerdos personales:
"[…] Entre las personas que me cuidaban o charlaban conmigo en esa ciudad, había dos narradores natos: una señora, doña Lola Vázquez Briz, de familia manchega afincada en Úbeda, que, con muy pocas palabras, daba un toque justo de ternura o de humor a la anécdota que me contaba, y un viejo barrigudo y bondadoso, Juan Martos […] Desde los quince años, mi madre había sido doncella –es decir, criada con cabeza, criada distinguida- de una auténtica señora de Úbeda: Doña Dolores Vázquez Briz, conocida por la familia y sus amistades como "tía Lola". De ser "tía universal" se gloriaba ella. Su casa, alrededor de dos patios, que hacía esquina con la calle Minas y la calle de la Victoria y se extendía considerablemente en ambas calles, estaba diseñada, a medias, para vivienda y casa de labranza. Desde los quince años, esa fue la casa de mi madre, su escuela y su universidad hasta el día de su boda. Allí lo aprendió todo –o casi todo– y, desde allí, disfrutó con su señora de largos viajes veraniegos a Madrid, San Sebastián, Biarritz o París [...] >>>>> SEGUIR LEYENDO EN LINKEDIN "Pilar Montero Parra".
[1] Astrain. Tomo II. Libro II, pp. 240. Aquaviva//AESI-A. Archimbaud, pp. 258-280. Colegio de San Clemente. Extracto de los documentos de su fundación. Provincia de Toledo. Tomo I//AESI-A. Caja 115. Documento 13.
[2] AMSC. Ayuntamiento. Legajo 33. Documento 3. Año de 1767. Vivía en la C/ de la Tercia con su callejón.
[3] Escritor de teatro, novela, ensayo, cuentos, autobiografía y crítica literaria.

