1. INTRODUCCIÓN.
Los sucesos del pasado nunca serán compatibles con el falaz mito del olvido pues no siempre se pueden ocultar los hechos de forma definitiva y por un tiempo interminable. Y, por aquello de que pocos ven lo que somos o hemos sido, se hace posible que el "principio de realidad" empiece a tomar protagonismo y se vayan superponiendo en esos relatos que nunca son concluyentes, las diversas capas históricas de un grupo familiar.
De todos es conocido que la historia de las familias siempre ha estado ligada a los antepasados y a la herencia genética recibida, al apellido, a las raíces nobles y cristianas de sus miembros, a los lugares y solares de nacimiento, a los bienes patrimoniales, a las uniones conyugales que te emparentan con otros linajes y, sobre todo, a los oficios y trayectoria profesional de los miembros de las ramas directorias, secundarias y colaterales que, con el tiempo, van a significar a un individuo por encima de otro familiar dentro del mismo abolengo genealógico.
En este caso, se encuentra la destacada e importante historia del farmacéutico y prohombre de negocios, D. Eduardo Pérez del Molino y Rosillo cuya vida y carrera profesional merece ser tratada y conocida ya que representó, perfectamente, a la más alta burguesía liberal de Santander de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX y, como tal, merece un especial reconocimiento por parte del colectivo farmacéutico de Cantabria y de la sociedad santanderina, en general.
A nadie le deja pasivo el reconocer la función social del conocimiento de una historia familiar y lo que aporta al estudio de las sociedades, regiones, localidades y comunidades; aunque bien es cierto que, es muy difícil de establecer el origen de un linaje familiar con anterioridad al siglo XVI al no disponer durante este periodo de cronistas y notarios que se alejaran de los relatos e historias de los reyes, nobles y de los caballeros de armas y de órdenes militares del reino y de la monarquía hispana; manteniendo al margen el afanarse por describir a personajes que nada tenían que ver con la nobleza, las casas reales y los vínculos de sangre que regían el medievo y el antiguo régimen estamental.
Igual no resulta llamativo pero, hay que indicar que la familia "Pérez del Molino" representa, a priori, un linaje "puro cántabro": surgió en Cantabria y se mantuvo en solares santanderinos durante muchas generaciones haciendo alarde de su amor a la tierra, esa que hizo inquebrantable el cimiento de los antepasados.
La familia "Pérez del Molino" destacó, sobre todo, desde el siglo XIX y en la provincia de Santander, como burgueses liberales por sus actividades empresariales centradas, sobre todo, en el campo de la Farmacia y de la Química y en los proyectos encaminadas a la industrialización seriada del medicamento en clara sintonía con todo lo que acontecía en países como Francia, Inglaterra y Alemania, líderes en el avance farmacológico y desarrollo de las políticas sociosanitarias centroeuropeas dentro del epígrafe de la defensa de la salud pública. Fueron propietarios de Boticas, Droguerías y Laboratorios Anejos, Almacenes de Distribución y pioneros nacionales en el desarrollo de la Industria Farmacéutica fundando el Laboratorio Cántabro, junto con la fabricación de pinturas -industria química- donde las aptitudes de sus protagonistas, dones y disposición jugaron un papel muy importante y decisivo dentro de la saga familiar ya que fueron partícipes, en definitiva, del adelanto científico e industrial de la sociedad santanderina y contribuyeron, de forma espectacular, en el prestigio de la comunidad farmacéutica santanderina y tecnológica española.
Como familia oriunda cántabra, es importante conocer el origen de este pueblo y de sus habitantes, sus características sociales, sus inquietudes y su carácter para así comprender mejor a la familia "Pérez del Molino" y el por qué se formaron en la Ciencia de la Farmacia y se desarrollaron profesionalmente dentro de la misma y en la casi totalidad de las opciones en dónde un farmacéutico puede encontrarse, atreviéndose, incluso, con la espeleología, el comercio, los negocios y la banca.
1.1. De los ANTEPASADOS:
HISTORIA de los CÁNTABROS y de CANTABRIA.
Los cántabros comenzaron su andadura histórica en el Paleolítico, cuando hace aproximadamente 10.000 años la Tierra sufría un período de glaciaciones que obligaba a aquellos hombres primitivos a instalarse en cuevas de piedra. La orografía cavernosa del norte peninsular propició el asentamiento de clanes cuyo arte quedó expresado a través de pinturas rupestres a las que atribuían un sentido mágico y de monumentos que, aún hoy, se conservan perfectamente: Cuevas Prehistóricas, con sus objetos materiales, sus pinturas y grabados (Puente Viesgo, Romanas, Río Nansa, San Felices, Omoño, Altamira, etc.); Menhires trabajados por pastores de los altos seles (los de Sejos, Ruanales); e Iglesias Rupestres, como lade Valderredible[1].
Avanzado el proceso civilizador, la Península Ibérica fue vista por fenicios, griegos y romanos como una unidad llamada por los griegos y púnicos Iberia y por los romanos Hispania. Así, en el año 1.100 a.C. una expedición fenicia fundó la ciudad de Gádir (la Gades romana, posteriormente Cádiz), hecho que la convertía en la ciudad habitada más antigua de toda Europa (cercana al reino de los Tartessos).
Tras los pasos de los fenicios llegaron en el siglo VIII a.C. los griegos, cuyas primeras expediciones arribaron en las costas andaluzas y posteriormente, fundaron la ciudad de Emporion (Ampurias).
La decadencia de las ciudades fenicias desembocó en el protagonismo de Cartago, una colonia convertida en metrópoli que, a partir del siglo VI a.C., tomaría el relevo del impulso fenicio en la Península gracias a que, en la segunda mitad de ese siglo, una flota combinada etrusco-cartaginesa detenía las ambiciones griegas en la batalla de Alalia de 535 a.C. frenando, de paso, la expansión comercial griega que a partir de entonces quedaba como terreno exclusivo púnico.

Los cartagineses parcelaron el sureste peninsular dedicando cada zona a una producción distinta, como los famosos campos de esparto de lo que después sería Cartagena y que proveían de cordelería a medio continente. Sin embargo, la principal fuente de riqueza era la minería: oro, plata, cobre y estaño en tales cantidades que convirtieron a la vetusta Iberia en el territorio con mayores riquezas minerales del mundo antiguo y, entre ellas, la tierra de los cántabros.
La Península Ibérica, grande y poco poblada, en aquellos tiempos de esplendor cartaginés, acogía una gran variedad de tribus de origen tanto autóctono como celta, por lo que nuestra cultura era llamada celtíbera. Las tribus celtas y pueblos indoeuropeos bajaban a través de los pasos pirenaicos desde siglos atrás (islas Británicas, Francia, Bélgica, Luxemburgo, norte de Italia, parte de los Balcanes, Grecia y Turquía) y se acomodaron sin mucha resistencia sobre todo en el norte peninsular[2].
En esta línea, el tratadista e historiador romano Ptolomeo (siglo II d.C.), en uno de sus escritos, avalaba la teoría de la ascendencia asiática de los cántabros al situar su origen en el monte de la cordillera indostánica que recibía el nombre de Vindio >>>>>
1.2.1. Rama de los "Pérez del Molino": de Ubiarco a Santander y a Torrelavega y, de Torrelavega a Santander.
D. Leoncio Pérez del Molino y Viñas se encontró con una Torrelavega en pleno auge industrial y como decía el abogado estadounidense Robert Green Ingersoll "todo lo que hay de bueno en nuestra civilización es resultado del comercio, el clima, el suelo, la situación geográfica, la industria, la inventiva, el descubrimiento, el arte y la ciencia", por lo que puso a trabajar, sin miedo, todos los talentos que derivaban de su formación universitaria y conocimientos químico-farmacéuticos. Tras su fallecimiento prematuro, sería su hijo, el farmacéutico D. Eduardo Pérez del Molino y Rosillo quién retomaría el mando de ese montante empresarial que tantos éxitos le proporcionarían, ya no sólo a nivel personal sino profesional >>>>>
[1] De Cantabria (1890). Santander: Imprenta de El Atlántico//Patronato Regional de Turismo de Cantabria (1995). Escaparate a Cantabria. Santander: Editorial Cántabra//Moure Romanillo, J.A. (1996). El hombre fósil, 80 años después. Santander: Universidad de Cantabria//Moure Romanillo, J.A.; Suárez Cortina, M. (1995). De la montaña a Cantabria: Construcción de una Comunidad Autónoma. Santander: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria// Moure Romanillo, A. (2006). Estudios sobre Historiografía y Patrimonio Arqueológico. Santander: Universidad de Cantabria//Madariaga de la Campa, B. (2003). Hermilio Alcalde del Río (1866-1947). Puente Viesgo: Edita Ayuntamiento//Sanz Martínez, J. (1917). Rincones de la España Vieja. Madrid: Viuda e hijos de Sanz Calleja.
[2] Lomas, F. J. (1988). Historia de España Antigua. Protohistoria. Madrid: Editorial Cátedra. Biblioteca Virtual del Instituto Cervantes de Casablanca//González Echegaray, M.C. (2009). Escudos de Cantabria. Tomo VII. Santander: Estudio.
Fotos con derechos de autor.

3.4. RÉPLICAS Y CONTRARRÉPLICAS EN LAS IGUALAS. PENSAMIENTOS ENCONTRADOS. Año de 1883.
La Prensa Profesional vivió de primera mano la problemática de los Sistemas de Igualas y sirvió de cauce y de medio natural en donde compartir sus múltiples connotaciones y características; y, en definitiva, facilitando el cauce que precisaba cualquier farmacéutico y de forma directa poder manifestarse y rebatir en ideas sobre algo tan inherente a la misma profesión y que "llegó para quedarse".
Así, Don Francisco Carrasco de la Sagra, ejerciente en varias localidades andaluzas (Las Navas de San Juan, Arquillos y Trebujena); y Don Eduardo Pérez del Molino, de familia con larga tradición farmacéutica (su abuelo, D. Pedro, se licenciaba en Farmacia en la ciudad de Cádiz, en 1813); desde puntos muy equidistantes, nos presentan diversas opiniones y pareceres sobre cómo se podría gestionar una iguala, usando como medio Réplicas y Contrarréplicas a través de dos importantes medios profesionales de la época: la revista La Farmacia Española y el periódico, Los Avisos.
Como consecuencia de todo lo anterior, Don Eduardo Pérez del Molino mantuvo un diálogo epistolar en Los Avisos con el farmacéutico Don Francisco Carrasco, cuando se encontraba establecido en Navas de San Juan (Jaén), sobre las Igualas en Farmacia, con disparidad de criterios, utilizando este último La Farmacia Española de forma cruzada.
A través de estas Réplicas se observa cómo funcionaba el Sistema de Igualas en las boticas rurales cántabras de la década de los 80 y, de la misma forma, en las andaluzas.
Desde la localidad de Arquillos (Jaén), el farmacéutico Don Francisco Carrasco (25), con fecha de 22 de febrero de 1883, firmaba un primer artículo que, bajo el título de Igualatorio I, se publicaba en la revista la Farmacia Española, año XV, ejemplar nº 12, de 22 de marzo de 1883.
Don Francisco, escribía sobre las Igualas para cumplimentar con el compromiso que adquirió en la publicación de la Farmacia Española, ejemplar de 30 de noviembre de 1882; disculpándose de su retardo, dada su participación en la reciente Exposición Farmacéutica Nacional.
(25) Historial de Don Francisco Carrasco de la Sagra:
-Nació en el año de 1856 en Las Navas de San Juan (Jaén) en el seno de una familia acomodada.
-Terminó sus estudios de Farmacia en la Universidad Central de Madrid, en 1877; y por razones familiares, estableció oficina de farmacia en su pueblo natal.
Puntos de su reflexión:
-Algunos farmacéuticos las combaten y prefieren el pago al contado.
-Las familias pudientes son en número, mucho menos que las pobres y las primeras tienen muchas menos enfermedades.
-Las Igualas son, pues, una necesidad imprescindible y forzosa.
-Es bochornoso que se hagan igualas, para todo un año, familia numerosa y por solo unos cuantos celemines de trigo, centeno u otros granos y especies.
-Los farmacéuticos que no tienen igualas, recurren a la pesadilla del eterno fiado.
-Muchas familias no tienen dinero en el momento de la enfermedad. Es un mal grave para el farmacéutico el negar dar los medicamentos cuando está, por medio, la salud de un pobre.
-Con las igualas se pueden hacer presupuestos domésticos. Con el pago al contado no.
-Algunos Ayuntamientos gozan de listado de pobres de solemnidad y pagan los medicamentos de éstos.
-El proletariado y las clases medias salen mejor librados con las igualas, que con el pago al contado.
-Las igualas hacen de Caja de ahorros al farmacéutico: el tesorero es el farmacéutico y los socios, los igualados.
-En epidemias, las igualas no interesan. Las poblaciones deberían de tener otro tipo de iguala.
-Cuando las condiciones de salubridad de una población son mejores que en otra localidad, las enfermedades serán menores, interesando las igualas.
-Hay más enfermedades en partidos rurales en invierno y primavera.
-Vicio de los Médicos que recetan muchos medicamentos, perjudica a las igualas.Es un problema los médicos que no recetan, siendo en este caso mejor para las igualas.
-Los beneficios de las igualas, superan el pago al contado.
También, desde la localidad de Arquillos (Jaén), el farmacéutico Don Francisco Carrasco, con fecha de 28 de febrero de 1883, firmaba un segundo artículo que bajo el título de Igualatorio II se publicaba en la revista la F.E., año XV, ejemplar nº 14, de 5 de abril de 1883. De nuevo, por idénticos motivos se trasladó al pueblo de Arquillos (Jaén), distante de Las Navas de San Juan unos 11 Km. Más tarde, pasaría a ejercer de boticario en Trebujena (Cádiz) hasta 1929, fecha de su fallecimiento. En resumen, en las cuestiones del contrato se exige:
1º. Igualas por 1 año.
2º. Si el igualado se ausenta del pueblo, no pagará la ausencia.
3º. El farmacéutico facilitará los medicamentos prescritos por el médico, con receta manuscrita.
4º. Los medicamentos de palabra del médico, no están incluidos en la iguala.
5º. Los de orden judicial se pagarán al contado.
6º. Los medicamentos de uso veterinario se pagarán al contado.
7º. No se incluyen los específicos en las igualas.
8º Los medicamentos de la iguala serán de buena calidad y esmerada elaboración; y si el farmacéutico no tiene el medicamento, tendrá que proveerse lo antes posible.
19º. Pago puntual de la iguala al final de cada mes.
10º. Si un profesor se marcha de esa localidad, las igualas que las asuma el compañero entrante.
11º. Se podrían hacer igualas de medicamentos veterinarios, conociendo la cantidad de animales del igualado.
12º. Para las igualas es mejor los médicos que no están a favor de los específicos.
13º. Ajustar la iguala con preferencia pago en metálico, frente al pago en especie. Se podrían tener varios tipos de igualas, en función de las categorías de los igualados. Pero esto presenta muchos inconvenientes.
14º. Lo aconsejable serían igualas de no menos de 6 pesetas al año, 0,50 céntimos al mes; y si en el partido rural no existen iguales, intentar introducirlas poco a poco.
Pasado el tiempo, ahora establecido en la localidad de Navas de San Juan (Jaén) y a unos 11 Km de Arquillos, Don Francisco Carrasco REPLICABA a Don Eduardo Pérez del Molino a través de la revista profesional La Farmacia Española[1]: "…Hoy, sin embargo, tengo que romper la tregua de mi dolor profundo y dársela a mis ocupaciones, porque, contra lo que yo esperaba, ha habido un apreciable compañero, Don Eduardo Pérez del Molino, farmacéutico de Torrelavega, que me ha dispensado el honor de ocuparse en criticar mis cartas sobre Igualas, insertas en los números 12 y 14 de la revista La Farmacia Española del año pasado, publicando en Los Avisos tres artículos[2] combatiéndolas, y de las cuales no me enteré hasta que su autor tuvo la generosidad, que le agradezco, de notificármelo directamente" >>>>
[1] La Farmacia Española, Réplica I, año XVI, nº 8, de 21 de febrero de 1884; y Réplica II, año XVI, nº 9, de 28 de febrero de 1884; y Réplica III, año XVI, nº 11, de 13 de marzo de 1884.
[2] Los Avisos, ejemplares año VII, nº 16 y 15, de 15 de mayo y 30 de mayo de 1883.
